En esta obra en Sant Martí buscábamos una cocina que se viera impecable desde lejos, pero que también aguantara el trote del día a día (y del “día de invitados”). La clave fue convertir la barra en el eje del espacio: ordena, separa zonas y te da superficie de trabajo sin llenar de muebles. Si estás valorando una Reforma de cocinas, este tipo de solución es de las que más retorno da porque cambia cómo se vive el ambiente desde el minuto uno. En la imagen se ve el resultado: trasera blanca tipo metro, madera cálida, lámparas metálicas que hacen de pieza protagonista y un toque verde que da profundidad sin recargar.

La barra como columna vertebral del espacio
Cuando una cocina está integrada en una sala grande, lo primero que se nota es si el espacio “fluye” o si estorba. Aquí la barra larga no es decoración: es el elemento que define recorridos. Por un lado queda el trabajo (preparar, lavar, apoyar bandejas), y por el otro, la parte social (sentarse, conversar, servir). En obras así, nosotros insistimos mucho en que la barra no sea una repisa bonita, sino una herramienta diaria: tiene que tener una altura correcta, un vuelo cómodo para las piernas y una longitud que permita que dos personas la usen a la vez sin chocarse.
Además, una barra bien planteada reduce un problema típico: gente cruzando por delante del fregadero o invadiendo la zona de corte. Cuando el espacio se usa mucho, esa pequeña diferencia hace que cocinar sea más rápido, más seguro y menos estresante.
Distribución práctica: lo que no se ve también importa
Cuando realizamos reformas en San Martí nos encontramos a menudo con espacios que vienen de distribuciones poco lógicas: enchufes mal colocados, tomas de agua donde “tocó”, y muebles que no aprovechan el recorrido. Aquí el objetivo fue dejar una línea clara de trabajo y superficies continuas para apoyar. La zona de aguas se colocó centrada y con un frente limpio, evitando esquinas complicadas que luego se vuelven una pesadilla para limpiar.
Y hay un detalle que en obra se decide sí o sí: distancias reales de paso. No basta con que “entre”. Tiene que entrar una persona con una bandeja, poder abrir puertas, moverse con bolsas, y que todo siga siendo cómodo. Esa comodidad es lo que convierte una cocina abierta en un espacio que se disfruta, en vez de un sitio en el que siempre estás “pidiendo permiso” para pasar.
Materiales que funcionan: blanco fácil + madera cálida
La trasera de azulejo blanco tipo metro es un acierto por algo muy simple: refleja luz, se limpia rápido y envejece bien. Pero el secreto no está solo en el material, está en cómo se instala. Un rejuntado bien hecho, juntas limpias y sellados en puntos críticos (encuentros con encimera, esquinas, zona de agua) te ahorran manchas, hongos y reparaciones tontas con los años.
La madera (o acabado madera) hace el otro trabajo: pone calidez y baja el “ruido visual” del blanco. En esta reforma queríamos que el conjunto no quedara frío, y por eso combinamos tonos claros con una superficie superior que se siente más “hogar”. En cocinas integradas, ese equilibrio es clave: si todo es blanco brillante, el espacio puede verse grande… pero también puede parecer poco acogedor. Aquí buscábamos justo lo contrario: limpio, sí, pero con carácter.
Iluminación que acompaña: estética y luz de trabajo
Las lámparas colgantes metálicas son lo primero que te llama la atención, y cumplen su función: marcan la barra como zona importante. Pero una cocina no se sostiene solo con iluminación decorativa. Para trabajar bien necesitas luz útil y sin sombras, y eso se consigue planificando desde el principio dónde vas a cortar, dónde vas a apoyar y dónde vas a lavar.
En reformas como esta solemos combinar luz general con puntos concretos, y cuando hay muebles altos, una de las mejoras más agradecidas es la iluminación LED bajo mueble: hace que la encimera se vea perfecta, evita sombras raras y además da un punto elegante por la noche. También cuidamos mucho la temperatura de luz. Si te pasas de fría, el blanco se vuelve azulado y la madera se apaga; si te pasas de cálida, parece que todo está amarillento. El equilibrio es lo que hace que el espacio se vea “caro” aunque no estés metiendo materiales extravagantes.
Confort acústico: el detalle que separa una cocina bonita de una cómoda
En la imagen se aprecia un tratamiento en el techo y, sinceramente, es una de las decisiones más inteligentes cuando tienes superficies duras. Azulejo, suelo laminado o vinílico, encimeras… todo eso rebota el sonido. ¿Qué pasa si no haces nada? Que el espacio se vuelve incómodo: eco, conversaciones que se pisan, sensación de “local vacío” aunque esté lleno.
Nosotros lo explicamos así: si decides una cocina abierta subes el volumen de voz sin darte cuenta, es que la acústica está mal resuelta. En Sant Martí, en muchos pisos y locales, esto pasa más de lo que parece. La solución no es llenar de decoración; la solución es tratar techo y, si hace falta, añadir elementos que absorban sin romper el diseño. En este caso lo integramos desde el planteamiento para que no se notara como un “parche final”. El resultado es un espacio que no solo se ve bien: se vive bien.
Instalaciones bien pensadas: agua, enchufes y ventilación sin improvisar
La parte invisible es la que más tranquilidad te da. Una cocina abierta puede ser preciosa, pero si huele a fritura dos días o si te saltan los plomos con dos electrodomésticos, la experiencia se arruina. Por eso, antes de hablar de acabados, revisamos instalaciones: fontanería, electricidad, cargas, puntos de toma y accesos.
En esta obra dejamos la zona del fregadero con un planteamiento lógico y accesible. Nada de sifones imposibles o registros escondidos. Y a nivel eléctrico, planificamos tomas donde realmente se usan: barra, zona de trabajo, electrodomésticos. También nos fijamos en la ventilación, que en cocinas integradas es clave. Dependiendo del caso, se plantea salida de humos, recirculación eficiente y ubicación correcta para que el aire se renueve de verdad. Esto no se “arregla luego” con una campana cualquiera: se decide desde la distribución.
Orden a la vista: almacenamiento que evita el “siempre está desordenado”
Una cocina integrada está siempre a la vista, así que el orden no es opcional. Si el almacenaje está mal pensado, la barra se llena de cosas y el espacio pierde la gracia. Aquí combinamos módulos superiores con líneas limpias y un frente fácil de mantener. Pero lo importante no es solo cuántos armarios hay, sino cómo se usan.
Cuando el espacio tiene medidas raras (algo muy típico en reformas integrales en Barcelona), los muebles a medida son una herramienta brutal: aprovechas huecos, evitas espacios muertos y consigues que todo tenga sitio. Y no hace falta hacer “lujo”: a veces con ajustar módulos, cajones y soluciones interiores (cubos de reciclaje, extraíbles, organizadores) ya cambias la experiencia por completo. En este proyecto buscamos precisamente eso: que el usuario pueda guardar, sacar, limpiar y seguir con su vida sin estar peleándose con puertas, rincones y trastos.
Superficie de trabajo: resistencia y mantenimiento por delante de la moda
La encimera es la zona de batalla. Ahí hay calor, golpes, manchas, cuchillos, productos de limpieza… y si eliges mal, lo sufres a diario. En este tipo de proyectos solemos priorizar materiales resistentes y fáciles de mantener. Una encimera porcelánica, por ejemplo, suele funcionar muy bien por resistencia al calor y por limpieza, aunque siempre depende del uso real y del presupuesto.
La idea no es poner “lo más caro”, sino poner lo más adecuado. En una cocina abierta, además, la encimera se ve desde lejos, así que el acabado debe encajar con el conjunto: madera, blanco, metal, verdes… todo tiene que conversar. En Sant Martí la apuesta fue una estética limpia con calidez, así que la superficie superior acompaña sin robar protagonismo a las lámparas y al panel verde. Cuando el equilibrio está bien, el espacio parece más grande y más ordenado.
Integración de equipos: menos ruido visual, más sensación de amplitud
Otro punto que cambia muchísimo la percepción del espacio es cómo se integran los electrodomésticos. Si cada pieza “va por libre”, la cocina parece un collage. En cambio, cuando eliges líneas coherentes y ocultas lo que se puede ocultar, el resultado se siente más amplio y más premium.
En este tipo de cocinas, los electrodomésticos integrados ayudan a mantener frentes limpios, sobre todo cuando la cocina se ve desde la entrada o desde una zona de comedor. No siempre se integra todo (depende de uso, presupuesto y prioridades), pero sí se puede trabajar la composición: dónde va el frigo, cómo se alinean puertas, qué se deja a la vista y qué no. Nosotros lo planteamos como un “mapa visual”: si desde tres puntos clave el espacio se ve ordenado, ya ganaste. Y aquí, con una barra larga y una trasera blanca, el orden visual se multiplica.
Tiempos, costes y decisiones: lo que solemos ver en obras similares
Para que te hagas una idea realista, una intervención como esta (barra, muebles, trasera, iluminación, ajustes de instalaciones y remates) suele moverse entre 2 y 5 semanas de trabajo efectivo, dependiendo de si hay demolición, cambios de distribución o fabricación a medida. La parte que más condiciona plazos suele ser la carpintería y la coordinación de entregas. Si planificas tarde, te paras en obra; si lo planificas bien, avanzas sin sustos.
En presupuesto, el rango puede ser amplio: desde reformas parciales bien ejecutadas hasta proyectos completos con redistribución. Por eso, nosotros siempre trabajamos por partidas: demoliciones, instalaciones, revestimientos, mobiliario, encimera, iluminación, pintura y remates. Así el cliente entiende en qué se va el dinero y dónde conviene invertir. En este otro artículo te explicamos qué debe incluir un presupuesto de reforma.
Lo que conseguimos en Sant Martí: una cocina para vivirla, no para sufrirla
El resultado de esta obra tiene una cosa que para nosotros es básica: funciona. La barra organiza, la limpieza es sencilla, la luz acompaña y el espacio se siente cómodo incluso cuando hay gente. Y eso no sale de la casualidad: sale de tomar decisiones con criterio, de medir, de coordinar oficios y de rematar bien.
Si te fijas, todo el proyecto gira alrededor de hacer la vida más fácil: menos ruido visual, más superficie útil, materiales sufridos y soluciones que aguantan. Por eso, cuando alguien nos dice que quiere renovar cocina sin complicarse, o que busca una remodelación de cocina que de verdad mejore el día a día, nosotros siempre volvemos a lo mismo: distribución clara, confort y materiales adecuados. Si además quieres dar ese salto estético, modernizar cocina y actualizar cocina con una cocina abierta al salón y una cocina con barra suele ser la combinación ganadora en pisos y locales de Barcelona.
Y lo mejor es que, cuando se hace bien, no es una moda: es una forma más práctica de vivir el espacio.
Preguntas frecuentes
1) ¿Por qué una barra larga mejora una cocina abierta?
Porque organiza recorridos, separa trabajo y zona social, y suma superficie de apoyo sin recargar el espacio.
2) ¿Qué materiales son más fáciles de mantener en una cocina integrada?
Revestimientos lisos tipo azulejo blanco, encimeras resistentes y acabados que soporten limpieza frecuente sin marcarse.
3) ¿Cómo evitar sombras al cocinar en una cocina abierta?
Combinando luz general con puntos de luz sobre encimera y una iluminación bien situada en la zona de trabajo.
4) ¿Por qué es importante la acústica en espacios abiertos?
Porque azulejos y suelos duros generan eco; con tratamiento adecuado el espacio se vuelve más cómodo y agradable.
5) ¿Cuánto suele tardar una obra similar?
Depende de cambios e instalaciones, pero una cocina con barra, ajustes y remates suele requerir varias semanas según alcance y pedidos.