Si estás intentando sacar un número por m² para saber si tu reforma “entra”, te entiendo perfectamente. Es lo más normal: quieres una referencia rápida, un rango que te ayude a decidir si sigues adelante o si hay que ajustar expectativas. El problema es que el €/m², cuando se usa sin contexto, suele llevar a errores: dos pisos con los mismos metros pueden costar muy distinto según el estado de las instalaciones, el tipo de reforma y el nivel de acabados. Y ahí es donde se crea la frustración típica de “me dijeron una cosa y luego fue otra”.

Nosotros en Obrescat lo planteamos como un simulador realista: no es una calculadora mágica, pero sí una forma de entender qué variables inflan o ajustan el presupuesto. Y si estás comparando opciones con una Empresa de reformas en Barcelona, este enfoque te va a ahorrar tiempo y discusiones, porque te enseña a preguntar lo importante antes de pedir cifras.
Por qué el “precio por m²” no es un precio, sino una media
El €/m² es una media que reparte costes entre metros, pero no todo el coste depende de los metros. Hay trabajos que son casi “fijos” aunque el piso sea más grande o más pequeño. La cocina no se multiplica por los metros del salón. Un baño, aunque mida 3 m², puede exigir impermeabilización, fontanería, alicatado, falsos techos, ventilación, electricidad, sanitarios… y un montón de remates. Si haces cocina y baño completos, el m² sale más caro en pisos pequeños, porque esos costes “pesan” más.
Además, el €/m² cambia mucho según el alcance real. No es lo mismo una actualización ligera (pintura, suelo, algún ajuste) que una reforma completa (instalaciones, cocina, baño, carpintería, distribución). En el primer caso, el número por m² puede parecer “barato”, pero también incluye menos cosas. En el segundo, el número por m² sube, pero lo que te llevas es un piso prácticamente nuevo por dentro.
Aquí es donde entran diferencias entre proveedores. Hay quien te da un número rápido sin mirar nada, como si todos los pisos fueran iguales. Y hay quien, como una compañía de reformas en Barcelona con método, intenta entender el estado real del piso antes de hablar de rango. Ese paso, aunque parezca lento, es el que evita sorpresas.
Las variables que de verdad mandan (y que tu simulador debe tener en cuenta)
El simulador real no empieza con “metros”, empieza con preguntas. La primera es obvia: ¿qué quieres conseguir? Hay gente que quiere “que se vea moderno”, y hay gente que quiere “que deje de dar problemas”. A veces las dos cosas van juntas, pero no siempre. Si tu piso es antiguo y las instalaciones están al límite, la reforma no es estética: es funcional y preventiva.
Luego viene la gran bifurcación: ¿mantienes distribución o la cambias? Si mantienes, ahorras en demoliciones, tabiques nuevos y en parte de la instalación. Si cambias, ganas calidad de vida, pero pagas ese cambio en mano de obra, gestión de escombros y remates. Es normal. No es malo. Simplemente hay que asumirlo desde el principio.
Y después entra la tercera variable, que es la que más engaña: los acabados. Un suelo puede costar el doble por material… pero también por colocación. Un porcelánico grande puede quedar precioso, pero exige más precisión, más cortes y más tiempo. Una puerta puede parecer “un detalle”, pero si cambias ocho puertas, el impacto sube. Y si encima quieres armarios a medida, iluminación decorativa y carpintería más fina, el rango se mueve. Por eso nosotros solemos decir que el simulador tiene dos capas: la base (obra y técnica) y la piel (acabados y decisiones de interiorismo).
Cómo se comporta el coste cuando pasas de “lavado de cara” a “reforma de verdad”
Vamos a ponerle narrativa, que es lo que te sirve para visualizar tu caso. Imagina que tienes un piso que está “vivible”, pero se nota viejo. Paredes con grietas, suelo gastado, cocina cansada y un baño que pide cambio. Si tu objetivo es mejorar estética y funcionalidad sin meterte en una guerra, hay una ruta bastante lógica: pintar, cambiar suelo, actualizar iluminación básica y reformar cocina/baño sin mover instalaciones.
Ese escenario suele dar rangos medios porque concentra el gasto en zonas húmedas, que son las más caras por metro cuadrado real. El €/m² te puede salir relativamente alto, pero no porque el piso sea enorme o pequeño, sino porque cocina y baño “pesan”.
Ahora imagina un segundo caso: el piso es antiguo, y además quieres redistribuir para ganar un salón de verdad, abrir cocina, ampliar baño o crear almacenamiento. Aquí ya no estás solo “renovando”, estás rediseñando cómo se vive el espacio. La obra sube porque hay más coordinación, más fases y más remates. Es el tipo de reforma donde un buen plan ahorra muchísimo, porque improvisar en redistribución es lo que más dispara costes.
Y el tercer caso: quieres un cambio mínimo con enfoque práctico (por ejemplo, alquiler). Aquí la lógica es distinta: buscas durabilidad, limpieza fácil y buena foto sin complicarte la vida. En este escenario, muchas veces se elige mantener instalaciones si están aceptables, y se invierte en acabado “resistente” antes que en caprichos. Es una reforma inteligente por objetivo, no por ego.
Rangos orientativos por nivel de reforma (sin prometer números mágicos)
Como brújula, solemos trabajar con tres niveles para ubicarte rápido. No son tarifas cerradas, pero sí ayudan a no perderse.
En una actualización ligera, donde haces pintura, suelo, alguna carpintería puntual, mejora de iluminación y retoques de cocina/baño sin obra completa, el rango orientativo suele moverse alrededor de 450–650 €/m², dependiendo de calidades y de si hay imprevistos de base (humedades, desniveles, paredes malas).
En una reforma completa estándar, donde ya hay cocina y baño completos, suelos, pintura, carpintería interior y una mejora de instalaciones (parcial o total), lo normal es que el rango suba y se sitúe aproximadamente en 650–950 €/m².
Y cuando hablamos de reforma alta o redistribución potente, con instalaciones completas, cambios de distribución, techos, iluminación trabajada, carpinterías mejores y soluciones a medida, el rango puede moverse aproximadamente en 950–1.400+ €/m².
Estos rangos no sustituyen un presupuesto, pero te permiten ubicarte. Y lo más importante: te obligan a definir qué reforma estás haciendo de verdad, no la que te gustaría pagar.
Cocina y baño: el corazón del presupuesto (y cómo evitar que te lo devoren)
Cocina y baño son donde el simulador se “rompe” si no los contemplas bien. Porque no es solo cambiar azulejos. Es preparar superficies, hacer rozas, impermeabilizar, ajustar desagües, nivelar, colocar, sellar, rematar… y después montar sanitarios, griferías y muebles.
Un baño completo, según tamaño y calidades, suele moverse en rangos como 4.500–9.000 € si hablamos de una reforma seria (y puede subir más si hay cambios complejos). Una cocina completa puede estar entre 6.000–14.000 € o más, sobre todo si la encimera y el mobiliario se van a gamas altas, si hay columnas, si quieres iluminación integrada o si la distribución obliga a ajustes grandes.
¿Cómo se controla sin renunciar a un buen resultado? Con decisiones simples, pero tomadas pronto. Mantener puntos de agua si es posible suele ahorrar mucho. Elegir un revestimiento que quede bien pero no sea una pesadilla de colocar (formatos razonables, sin piezas imposibles) también ayuda. Y definir desde el inicio el tipo de mueble y encimera evita cambios a mitad, que es lo que más “sangra” presupuesto.
Aquí es donde trabajar con un contratista de reformas en Barcelona o un equipo que coordine bien se nota, porque cocina y baño no perdonan la improvisación. Cuando el orden es bueno, se avanza; cuando el orden falla, se repite trabajo.
Instalaciones: lo invisible que decide si el piso “funciona” durante años
En pisos antiguos, las instalaciones son la gran incógnita. Puedes tener un piso bonito con una electricidad insuficiente, y al mes ya estás con regletas, disyuntores saltando o falta de puntos. O puedes tener una fontanería vieja que aguanta… hasta que deja de aguantar. Por eso, si vas a abrir cocina y baño, suele ser el momento perfecto para dejarlo bien resuelto.
En electricidad, el coste depende mucho del número de puntos y de circuitos, y de si hay que rehacer rozas por todo el piso o se puede canalizar de otra manera. Orientativamente, una instalación completa en un piso medio puede rondar 3.000–6.500 €. En fontanería, si renuevas cocina y baño con tramos principales, puede moverse entre 2.500–6.000 € según complejidad.

¿Dónde se nota la diferencia entre una obra “bien pensada” y una obra “a ojo”? En la distribución de puntos. Hay pisos reformados que quedan bonitos, pero luego no tienes enchufe donde necesitas, te falta luz funcional en la cocina o no hay toma para el aspirador donde conviene. Unos especialistas en reformas en Barcelona suelen insistir en esto porque saben que el coste de corregirlo después es mayor, y además te rompe paredes ya acabadas.
Redistribuir o no redistribuir: el punto que más cambia tu coste por m²
Redistribuir no siempre es caro por sí mismo; lo caro es redistribuir mal o tarde. Cuando mueves tabiques, entras en una cadena de trabajos: demoliciones, retirada de escombros, nuevos tabiques, rozas, enlucidos, pintura, cambios en suelos, ajustes en techos… y casi siempre cambios en electricidad y fontanería.
Pero a veces redistribuir es la mejor inversión. En pisos con pasillos largos, en cocinas estrechas que no se usan bien, o en salones oscuros donde abrir una estancia te da luz y valor, por eso debes tener en cuenta la regla de oro para no fallar con la pintura. Lo que no conviene es “tirar por tirar”, porque entonces aparecen los parches y el “ya que estamos”.
Nuestro consejo es simple: decide la distribución antes de elegir acabados. Parece obvio, pero se incumple muchísimo. La gente se enamora de un suelo o de una cocina y luego cambia un tabique… y entonces hay cortes extra, cambios de sentido de lamas, encuentros raros y costes que no estaban previstos.
Una constructora de reformas en Barcelona con buena coordinación suele ayudarte a cerrar esa parte pronto, porque sabe que la redistribución define el resto del presupuesto.
Acabados: el lugar donde el presupuesto sube sin que lo veas venir
En acabados, el “m²” se vuelve emocional. Una persona ve un suelo bonito y piensa “es solo el material”, pero detrás hay base, nivelación, rodapié, cortes, juntas, transiciones. Ve un porcelánico grande y piensa “queda brutal”, pero no ve que la colocación es más lenta, exige más mano de obra y cualquier pared ligeramente torcida obliga a ajustar.
Lo mismo pasa con carpintería interior: puertas, marcos, herrajes. Una puerta no es “solo una puerta”. Es desmontar, colocar, ajustar, rematar, pintar (o no), y dejarlo fino. Si cambias muchas, el impacto se nota. Y si sumas armarios a medida, iluminación integrada, estantes, etc., el presupuesto se estira.
La forma sensata de elegir acabados es priorizar. Nosotros solemos proponerlo así: define primero la base técnica (instalaciones, impermeabilización, nivelaciones), después el acabado “de batalla” (suelo, pintura, carpintería) y por último los detalles. Cuando haces al revés, te quedas sin presupuesto para lo que realmente evita problemas.
En este punto es normal que busques referencias y opiniones. Hay quien se siente más cómodo con una firma de reformas en Barcelona que le guíe en calidades, y hay quien quiere decidirlo todo solo. Las dos opciones son válidas; lo importante es que las decisiones no se tomen a mitad de obra, porque ahí siempre salen más caras.
Los costes invisibles que casi nadie mete en su cuenta mental
Aquí viene la parte que más suele fastidiar: lo que no se ve. Protecciones del portal, uso de ascensor, sacos de escombros, contenedor, limpieza de fin de obra, reparaciones al descubrir paredes en mal estado, nivelación de suelos que no estaban tan planos como parecía, y sobre todo los remates.
Los remates son el final, pero no son “un detalle”. Son lo que te hace sentir que el piso está bien hecho: juntas limpias, silicona bien puesta, encuentros alineados, pintura repasada donde toca, puertas que cierran perfectas, rodapiés sin sombras raras. En tiempo de obra, los remates pueden ser más de lo que imaginas, y por eso hay presupuestos que parecen “baratos” pero luego van sumando extras.
También cuenta la logística del edificio. Un piso en una finca con acceso complicado o con normativas estrictas de horarios puede alargar plazos. Y cuando se alargan plazos, suben costes indirectos: más días de coordinación, más pequeños ajustes, más incertidumbre.
En la práctica, un equipo de reformas en Barcelona que haga una visita seria te preguntará por comunidad, ascensor, horarios y acceso. No es por curiosidad: es porque afecta a la obra.
Casos reales (anónimos) para aterrizar tu simulador
Ahora lo importante: ejemplos que se parezcan a tu vida real. No te voy a vender “casos perfectos”. Te cuento lo que suele pasar en pisos normales.
En un piso de 55 m², con distribución mantenida, pero con baño antiguo y cocina cansada, lo típico es concentrar la reforma en esas estancias y aprovechar para actualizar suelo y pintura general. Si las instalaciones están “justas”, se suele renovar al menos parte de electricidad y fontanería asociada a cocina y baño. En este escenario, el rango de coste total suele moverse aproximadamente entre 38.000 y 52.000 €, según calidades y según si la electricidad se rehace completa o parcial. Lo que más pesa no son los metros del pasillo, sino la exigencia de cocina y baño.
En un piso de 80 m² donde se busca cambiar cómo se vive, abriendo cocina al salón, mejorando circulación, reorganizando un baño y ganando almacenamiento, la obra ya entra en una liga más completa. Demoliciones, tabiques nuevos, instalaciones completas, falsos techos estratégicos e iluminación más cuidada. Este escenario suele moverse aproximadamente entre 65.000 y 95.000 €, porque hay más fases, más coordinación y más remates. No es “porque el piso sea grande”: es porque la reforma es más ambiciosa. En estas reformas, la diferencia entre ir con plano cerrado o improvisar puede ser enorme.
En un estudio de 35 m² orientado a alquiler, la lógica cambia: menos romanticismo, más retorno. Suelo resistente, pintura lavable, cocina compacta, mejoras puntuales en baño e iluminación funcional. Si las instalaciones no están para tirar, se tocan lo mínimo necesario para seguridad y funcionamiento. En este caso, el rango suele moverse aproximadamente entre 16.000 y 26.000 €. Aquí el secreto no es gastar poco; es gastar donde te evita mantenimiento y que el piso se vea bien en fotos sin romperlo todo.
Y si te interesa aprender a leer un presupuesto sin caer en trampas, en este otro artículo te explicamos qué debe incluir un presupuesto de reforma.
Cómo pedir presupuestos comparables y evitar el “cada uno incluye una cosa”
Una de las razones por las que el simulador por m² “falla” es que la gente compara presupuestos incomparables. Uno incluye retirada de escombros y protecciones, otro no. Uno incluye pintura completa, otro “repasos”. Uno incluye mecanismos eléctricos, otro solo puntos. Uno mete carpintería interior, otro lo deja fuera.
La solución es pedir el presupuesto por partidas y con alcance escrito. No necesitas un documento eterno, pero sí claridad. Y sobre todo, pregunta siempre qué NO incluye. Esa pregunta te ahorra sorpresas.
A nivel de proveedor, también hay diferencias. Hay quien opera como servicio de reformas en Barcelona “rápido” y te da un número corto para entrar, y hay quien te entrega un desglose más largo y realista. El segundo puede parecer más caro al principio, pero muchas veces solo está incluyendo lo que el otro deja fuera.
El simulador práctico: cómo ubicarte sin tabla ni fórmulas
Si quieres una forma sencilla de ubicarte, piensa en tu reforma como una historia con capítulos. Si solo cambias “piel” (pintura, suelo, iluminación básica), estarás más cerca de una actualización ligera. Si cambias “corazón” (cocina/baño e instalaciones), estarás en reforma completa estándar. Si además cambias “huesos” (redistribución, tabiques, techos, carpinterías de mayor nivel, soluciones a medida), estarás en reforma alta.
Y dentro de cada nivel, tu número subirá o bajará según tres decisiones: cuánto tocas cocina y baño, cuánto renuevas instalaciones, y qué nivel de acabados eliges. Esa es la fórmula real, sin humo.
Por eso, cuando alguien nos pide “¿cuánto cuesta por m²?”, nosotros devolvemos la pregunta: “¿qué quieres tocar y cómo está el piso?”. No es para marearte: es porque el coste sale de ahí.
Un cierre realista: cómo usar este artículo para tomar decisiones
Si has leído hasta aquí, ya tienes algo mucho más útil que un número: tienes un mapa. Ahora puedes mirar tu piso y reconocer en qué escenario estás. Puedes decidir si merece la pena mover tabiques o si te compensa mantener distribución. Puedes entender por qué cocina y baño pesan tanto. Y puedes evitar el error más común: elegir acabados antes de cerrar distribución e instalaciones.

Si te quedas con una idea, que sea esta: el mejor simulador no es el que te da el número más bonito, sino el que te obliga a definir el alcance real. Con alcance claro, el presupuesto deja de ser una sorpresa. Y con presupuesto claro, la obra se vuelve mucho más tranquila.
Preguntas frecuentes
1) ¿Es fiable calcular una reforma solo por €/m²?
Sirve como brújula, pero solo si defines el alcance. Si comparas reformas distintas (con o sin cocina/baño, con o sin instalaciones), el €/m² engaña.
2) ¿Qué partidas suelen encarecer más un piso?
Cocina y baño (por instalaciones y revestimientos), la renovación eléctrica y de fontanería, y los cambios de distribución con sus remates.
3) ¿Cómo sé si tengo que cambiar instalaciones?
Si el piso es antiguo, faltan tomas, salta el cuadro, hay tuberías viejas o vas a abrir cocina/baño, suele compensar actualizar para evitar averías futuras.
4) ¿Qué gastos “invisibles” debo prever?
Protecciones, retirada de escombros, nivelaciones, ajustes de paredes, limpieza final y remates (sellados, repasos, encuentros).
5) ¿Cómo comparo presupuestos sin sorpresas?
Pide desglose por partidas, calidades definidas y plazos. Y pregunta siempre qué NO incluye cada presupuesto: ahí suele estar la diferencia real.