Pintar una casa en Barcelona (unifamiliar o adosada) no es solo elegir un color bonito y pasar el rodillo. Aquí entran en juego la orientación, la humedad, los cambios de temperatura, los roces del día a día y, sobre todo, la preparación. En Obrescat lo vemos a menudo: viviendas con una fachada que “se bebe” la pintura, zócalos exteriores con verdín, escaleras que se marcan con mirarlas y techos altos donde cualquier prisa se nota el doble. Si buscas Pintores de pisos en Barcelona, esta guía te servirá para entender qué se hace, en qué orden y por qué, para que el resultado quede fino y aguante años sin sorpresas.

Por qué pintar una casa no es “pintar un piso a lo grande”
En una casa hay más frentes y más variables. No es solo que haya más metros: es que hay más superficies distintas. Fachada, medianera, patio, porche, barandillas, rejas, muros del jardín, techos altos, escaleras… y cada zona tiene un desgaste diferente. En un adosado, por ejemplo, la escalera y el pasillo central suelen ser el circuito diario: ahí los roces, las manos y los golpes pasan factura antes que en un dormitorio. En una unifamiliar, el exterior manda: sol, lluvia, humedad de jardineras, riego pegado al muro, y en algunas zonas cercanas al litoral, incluso el salitre.
También cambia la logística. Un piso se pinta protegiendo bien y ventilando; una casa exige, además, pensar en accesos y alturas con seguridad. Hay patios estrechos donde una escalera no es solución, medianeras donde no cabe un andamio estándar y terrazas con muebles, plantas y toldos que hay que cubrir con mimo. Y si la casa está habitada, la planificación por fases es obligatoria: nadie quiere vivir una semana entera “en modo obra” si se puede organizar para que la casa siga funcionando.
Lo importante es entender algo muy simple: pintar no es un acto, es un proceso. Cuando se respeta el proceso, la pintura dura. Cuando se improvisa, aparecen los clásicos: marcas de rodillo, brillos raros, desconchones y manchas que vuelven como si tuvieran agenda.
Revisión del soporte: fisuras, humedad, salitre y pintura vieja
Antes de hablar de colores, se habla de soporte. Es el punto que más se ignora… y el que más dinero hace perder. En Barcelona es muy habitual encontrar microfisuras por cambios térmicos, zonas con pintura vieja “harinosa” (pasas la mano y te manchas de blanco) y esquinas con golpes y reparaciones antiguas mal integradas. En exterior, además, se suma el verdín en orientaciones norte o en zonas con sombra permanente, y el salitre en viviendas cercanas al mar.
Nosotros empezamos revisando lo básico: si el soporte está firme o suena hueco, si hay descuelgues o ampollas, si la pintura se desprende al rascar suave, y si hay manchas que indican humedad (sobre todo en zócalos exteriores, arranques de muro y encuentros con jardineras). Aquí no se trata de dramatizar, se trata de ser realista: pintar encima de un soporte débil es como poner un suelo nuevo sobre una base que se mueve. Puede aguantar un tiempo… hasta que deja de aguantar.
Hay un punto clave que muchas veces explica “pinturas que se estropean solas”: la humedad. En baños, suele ser condensación; en exteriores, filtración o capilaridad. Si no se corta el origen o no se trata correctamente, la pintura es la que paga la factura. Y cuando hay sales (esas eflorescencias blancas que aparecen), la adherencia se va al suelo si no se limpia y se neutraliza bien.
Preparación sin prisas: limpieza, saneado y protección de la vivienda
La preparación es donde se gana el resultado. Y sí, es la parte menos “instagrameable”, pero es la diferencia entre una pintura que parece nueva dos semanas y una que se mantiene impecable años. En casas y adosados, la preparación también incluye proteger el entorno: suelos, rodapiés, carpinterías, enchufes, muebles, barandillas, pavimentos exteriores, jardineras, toldos… y lo que no se protege, se acaba limpiando a disgusto.
Cuando se trata de pintar en exterior en fachadas y patios, debes lograr un acabado duradero. Normalmente se empieza con limpieza controlada (sin destrozar el revoco), eliminación de verdín si lo hay, rascado de zonas sueltas y reparación de fisuras. En interior, se corrigen golpes, se masilla, se lija y se busca continuidad visual. Aquí hay un detalle que el cliente nota mucho: que no se vean “parches”. Para que no se noten, no basta con tapar y pintar encima: hay que nivelar, lijar bien y aplicar imprimación cuando toca para que la absorción sea uniforme.
Imprimación: la gran olvidada que evita desconchones y manchas
La imprimación no es un “extra para cobrar más”. Es el paso que hace que el sistema trabaje como debería. Sirve para fijar soportes harinosos, regular absorciones y mejorar adherencia en superficies complicadas. Cuando una pared chupa pintura de forma irregular, salen sombras, diferencias de tono y el típico “parece que falta una mano”. Muchas veces no falta mano: falta preparación.

En esta fase también planificamos la casa por zonas, especialmente si está habitada. Y aquí encajan trabajos que, en la práctica, suelen ir ligados al repintado general: pintores a domicilio en Barcelona para organizar por estancias sin que tengas que desmontar la vida entera, o pintores de interiores en Barcelona cuando el objetivo es mejorar el aspecto general sin entrar en obra dura.
Elegir pintura exterior en Barcelona: sol, lluvia, transpiración y color
En exterior mandan cuatro cosas: adherencia, resistencia a UV, repelencia al agua y transpirabilidad. Barcelona tiene un sol potente y, a la vez, periodos húmedos que se notan en zonas sombrías. Una pintura puede ser muy resistente al agua, pero si no deja transpirar un muro que necesita evacuar humedad, acabarás con ampollas o desconchones. Y al revés: si es muy transpirable pero poco resistente a la lluvia, se degradará antes en fachadas expuestas.
La orientación es un mundo. En fachadas sur, los colores oscuros sufren más: se calientan, dilatan y acaban marcando defectos. En fachadas norte, aparece más verdín y la suciedad se nota distinto. Por eso, cuando alguien nos dice “quiero un gris oscuro porque queda moderno”, nosotros no decimos que no: lo que hacemos es revisar el soporte, el estado y el tipo de acabado para que ese gris no sea un dolor de cabeza.
También importa el tipo de acabado: mate para disimular irregularidades, satinado si quieres más limpieza (pero ojo, el satinado “chiva” defectos), y texturados o elásticos si hay microfisura recurrente. Lo que buscamos siempre es coherencia: un sistema que encaje con tu fachada y con cómo vive esa fachada (sol, lluvia, sombra, cercanía al mar, etc.).
Y no, no existe “la mejor pintura” universal. Existe la mejor para tu caso. Por eso nos tomamos en serio la visita previa: una buena decisión en exterior te ahorra repintar antes de tiempo.
Pintura interior que aguanta vida real: pasillos, escaleras, cocina y baños
En interior, el reto en casas no es solo estético, es funcional. Pasillos y escaleras reciben roces cada día. Si hay niños, mascotas o simplemente vida normal, la pared sufre. Aquí conviene elegir productos lavables y resistentes al roce, y definir bien el nivel de brillo. A veces el cliente pide “satinado para limpiar mejor” y nosotros le explicamos lo que suele pasar: si la pared no está perfecta, el satinado hace de foco y se ven ondulaciones, parches y marcas. En muchas viviendas, un mate lavable bien elegido da el equilibrio perfecto entre estética y mantenimiento.
En cocinas y baños, el foco cambia: humedad, vapor y limpieza. Si hay condensación en un baño, no basta con “pintura antimoho” y ya; hay que ventilar, respetar secados y, si hace falta, mejorar hábitos o extracción. En cocinas, la grasa es el enemigo silencioso: si no se limpia bien antes de pintar, la pintura no agarra como debe. Y si se elige un acabado poco lavable, en dos meses empiezan las manchas que no salen.
En esta parte es donde mucha gente confunde objetivos. Una cosa es refrescar (repintar para que se vea limpio) y otra es transformar. Cuando el objetivo es “parece otra casa”, entran decisiones como pintar un piso en Barcelona (aunque sea casa, el concepto es el mismo: repintado completo por estancias), elegir paletas coherentes con la luz de la vivienda, y priorizar estancias que de verdad cambian la percepción: salón, escalera y distribuidor.
Gotelé, paredes tocadas y cambios de acabado: cuándo compensa alisar
Muchas casas y adosados tienen paredes con historia: gotelé, reparaciones antiguas, grietas finas, juntas mal integradas, esquinas golpeadas… Repintar encima puede servir si el soporte está estable y no te molesta el relieve. Pero si quieres que la casa parezca más actual, el gotelé suele ser el primero en delatar “vivienda de otra época”.
Aquí conviene ser honestos con el presupuesto y con el nivel de exigencia. Alisar no es un capricho, es un trabajo completo que implica preparación, mano de obra y tiempo. Si se hace bien, el salto visual es enorme, sobre todo con luz lateral (ventanales) donde el gotelé crea sombras y apaga el espacio. Si se hace rápido o sin buen lijado, se notan ondas y la pared queda peor que antes.
En Obrescat solemos plantearlo por zonas cuando tiene sentido: alisar el salón y el distribuidor principal, y dejar dormitorios para una fase posterior, por ejemplo. Y sí, hay búsquedas que llegan tal cual a la mesa de trabajo: pintores para quitar gotelé en Barcelona o alisar paredes y pintar piso en Barcelona (que, de nuevo, aplica perfectamente a casas cuando se busca un acabado liso y contemporáneo). Lo clave es el orden: primero reparar/alisar, luego imprimar, después pintar. Si se invierte el orden, se pierde tiempo y dinero.
Detalles que elevan el resultado: techos, puertas, barandillas y madera
Hay un punto que separa un “repintado correcto” de un “repintado que parece reforma”: los detalles. Techos bien rematados, cortes limpios, rodapiés sin manchas, y carpinterías que acompañen. En adosados es típico que las puertas y los marcos estén amarillentos o marcados por el uso. Pintas paredes impecables y… las puertas te bajan el conjunto. Por eso muchas veces recomendamos tratar puertas, marcos y barandillas en el mismo proyecto, aunque sea por fases.
Las puertas requieren cariño: lijado, desengrase, imprimación adecuada si el soporte lo pide, y un esmalte que deje un tacto uniforme sin chorretones. Si hay muchas puertas, se planifica para no dejarte la casa incomunicada. Y en escaleras, los pasamanos y barandillas se llevan manos y roces diarios: si no se elige un sistema resistente, se marca enseguida.
Aquí encaja otra búsqueda típica: pintores para pintar puertas en Barcelona, porque el acabado en carpintería se nota muchísimo y no admite prisas. Y si el objetivo es un conjunto más “premium”, se decide también qué pasa con techos (a veces un blanco distinto mejora la luz) y con paredes de alto tránsito (donde conviene reforzar lavabilidad).
En casas con madera vista (vigas, pérgolas, porches), el exterior es todavía más exigente: el sol y la lluvia castigan. Ahí se valora el tipo de lasur o protector, y se revisa si hay zonas con agua estancada o grieta en la madera que permita entrada de humedad.
Tiempos y presupuesto sin humo: fases, rangos y cómo comparar ofertas
Aquí vamos a lo práctico: “¿Cuánto tarda?” y “¿Cuánto cuesta?”. La respuesta depende del estado, del alcance y de la logística. Un repintado interior bien planificado en una vivienda media puede moverse, de forma orientativa, entre 4 y 8 días si hay poca reparación y se trabaja por fases. Si hay alisado, muchas reparaciones o carpinterías, puede irse a 10–15 días. En exterior, una fachada con preparación y reparaciones suele moverse entre 5 y 12 días, y si hay altura, accesos complejos o necesidad de andamio, se alarga.
Con el presupuesto pasa lo mismo: no manda solo el metro cuadrado. Lo que más mueve precio en casas y adosados es la preparación (saneado, masillado, lijado), el número de manos, la calidad del producto, la protección del entorno, la altura (andamio/plataforma) y si entran carpinterías. Por eso dos presupuestos pueden parecer similares y, en realidad, estar vendiendo cosas distintas.
Cómo comparar presupuestos de pintura sin que te cuelen “lo básico”
Una comparación justa necesita el mismo alcance. Pide que quede claro: qué zonas se pintan (paredes/techos), cuántas manos, si incluye imprimación, qué reparación se contempla, qué nivel de protección y limpieza final, y si hay carpinterías (puertas, marcos, barandillas). Y, sobre todo, si hay humedad o fisura, que se explique qué se va a hacer antes de pintar. Si no aparece por escrito, normalmente no está contemplado.
Por eso es tan frecuente que nos pidan un presupuesto para pintar piso en Barcelona y lo adaptemos a casa: la estructura de partida es la misma (preparación + aplicación + remates), pero la casa añade alturas, exteriores y más elementos delicados. Y cuando te haces la pregunta de cuánto cuesta pintar un piso en Barcelona, úsala como referencia mental, pero recuerda que una unifamiliar puede variar mucho según fachada, accesos y estado.
Y sí, a veces el cliente nos llama porque necesita hacerlo rápido: cambio de vivienda, venta, alquiler, mudanza con fecha cerrada. Ahí encaja el enfoque de pintores urgentes en Barcelona, pero con un matiz importante: se puede acelerar con más equipo y buena organización, no saltándose secados ni preparando “a medias”. En pintura, el atajo suele salir caro.
Cierre: mantenimiento y checklist final para que la pintura dure de verdad
Cuando termina la pintura, no termina el trabajo: empieza la vida real. Para que el acabado se mantenga, hay dos hábitos que marcan la diferencia. En exterior, revisar remates (coronaciones, juntas, bajantes) y evitar agua constante pegada al muro (riego directo, jardineras sin drenaje) alarga muchísimo la vida de la fachada. En interior, ventilar baños y cocina reduce manchas y moho, y limpiar roces con productos suaves evita esos brillos raros que aparecen cuando frotamos demasiado fuerte.
Antes de dar por cerrada una pintura, nosotros revisamos algo muy simple: uniformidad de tono, cortes limpios, ausencia de chorretones, remates en encuentros (marcos, rodapiés, techos) y limpieza final. No es obsesión, es que son los puntos que el ojo ve cada día.

Si te quedas con una idea, que sea esta: un acabado bonito no depende solo de “una pintura buena”, depende de un sistema bien planteado. Y si necesitas un equipo que trabaje con método, coordinación y detalle —desde la pared principal del salón hasta el último marco de puerta—, eso es exactamente lo que hacemos. De hecho, muchas veces nos contratan buscando un pintor de pisos en Barcelona y acabamos llevando también la parte de exterior y carpinterías, porque el objetivo real no es “pintar”, es que la casa se vea y se sienta mejor.
Preguntas frecuentes
1) ¿Cuántos días se tarda en pintar una casa unifamiliar o un adosado?
Depende del estado y del alcance. Un interior por fases suele ir entre 4 y 8 días si hay pocas reparaciones; con alisado o carpinterías, puede subir a 10–15. En exterior, una fachada suele moverse entre 5 y 12 días según preparación y accesos.
2) ¿Qué es lo más importante para que la pintura dure?
La preparación: limpiar, sanear lo suelto, reparar fisuras, masillar, lijar y usar imprimación cuando el soporte lo necesita. Saltarse esto es la causa nº1 de desconchones, manchas y diferencias de tono.
3) ¿Mate o satinado en interiores?
En casas con luz lateral fuerte, el satinado marca más defectos. Un mate lavable suele dar el equilibrio entre estética y mantenimiento. En zonas de mucho roce (pasillos/escaleras), lo importante es resistencia al frote y limpieza.
4) ¿Se puede pintar si hay humedad o verdín en la fachada?
Sí, pero no “por encima”. Primero hay que limpiar/tratar, dejar secar y usar el sistema compatible (según el origen de la humedad). Si no se corrige, la mancha o el desconchón vuelve.
5) ¿Compensa alisar paredes o quitar gotelé antes de pintar?
Compensa cuando buscas un cambio visual real o hay muchas reparaciones antiguas. Un acabado liso moderniza y mejora la luz, pero requiere más tiempo y mano de obra; conviene planificar por zonas si el presupuesto es ajustado.