Subsuelo perfecto para parquet: nivelación, vapor y base sin errores

Antes de hablar de maderas bonitas, tonos cálidos o si queda mejor en espiga, hay una verdad de obra que repetimos mucho en Obrescat: el parquet solo queda bien de verdad cuando lo que hay debajo está bien de verdad. Y “bien” no es “más o menos plano” ni “parece seco”. Bien significa que el soporte no se desmorona, que no tiene montículos escondidos, que no hay polvo fino de yeso esperando a fastidiar un pegado, y que la humedad está controlada para que la madera no se vuelva loca con el paso de las semanas.

Este tema parece poco sexy, pero es el que separa dos finales muy distintos: por un lado, un suelo que se siente sólido, silencioso y uniforme; por otro, el clásico “al principio estaba perfecto, pero ahora cruje”, “aquí se nota hueco”, “se me han abierto juntas” o “se me ha levantado una esquina”. Te lo decimos porque nos llegan muchos casos así, sobre todo en pisos antiguos del Eixample, en viviendas bajas cerca del mar, o en reformas donde alguien quiso correr para entrar a vivir y se saltó pasos. Si quieres que lo revisemos contigo, aquí tienes nuestro servicio de Instaladores de parquets. (Y no, no te vamos a vender “la base milagro”: te vamos a decir lo que necesita tu suelo, sin inventos).

La secuencia correcta: lo que hacemos (y por qué) antes de poner la primera lama

Una instalación de parquet no debería empezar el día que llega el material. Empieza bastante antes, cuando miras el soporte y entiendes qué estás pisando. Nosotros seguimos una secuencia muy clara que, aunque suene obvia, es la que más se rompe en obras con prisa: diagnosticar, preparar, corregir, proteger y, solo entonces, instalar.

Primero diagnosticamos porque cada vivienda cuenta una historia. No es lo mismo un piso alto en Sarrià con forjado seco y estable que un bajo en Poblenou donde el ambiente ya te pide cautela. Tampoco es lo mismo un piso recién reformado donde han hecho un recrecido hace dos semanas, que una finca antigua con capas de mortero viejo, terrazo y parches. Cuando entiendes el punto de partida, decides el sistema. Cuando no lo entiendes, improvisas… y el suelo lo acaba “contando” con ruidos y movimientos.

Después viene la preparación: limpieza real, saneado de zonas débiles, y un plan de nivelación con el producto adecuado. Luego la protección contra humedad cuando toca, y finalmente la elección de base o método de fijación según el caso. Si sigues esta secuencia, casi siempre llegas a un resultado limpio y durable. Si te saltas pasos, lo que estás haciendo es apostar.

El diagnóstico que nadie quiere pagar… pero todos agradecen cuando pasan los meses

Hay una escena que se repite mucho: “¿Podéis venir a ver por qué cruje?”. Llegamos, levantamos un rodapié, miramos una esquina, y ya se ve el origen. No porque seamos magos, sino porque el suelo habla. Si hay zonas con polvo fino debajo, el contacto entre capas es malo. Si hay bultos o desniveles, la lama flexa al pisar y el clic sufre. Si hay humedad, la madera se dilata más de lo previsto. Y si el soporte está “harinoso”, cualquier pegado es débil.

Por eso, antes de actuar, miramos tres cosas: estado del soporte, planitud y humedad. El estado del soporte se entiende tocando y observando: ¿está firme o se deshace al rascar? ¿Hay fisuras? ¿Hay parches mal adheridos? ¿Suena hueco? En muchos pisos antiguos el mortero tiene décadas, y a veces está perfecto… y a veces está como galleta. Si lo segundo, hay que consolidar antes de cualquier nivelación.

La planitud se comprueba con regla larga (en obra lo normal es regla de 2 metros). No se trata de obsesionarse con el milímetro, se trata de que la superficie sea razonablemente uniforme para el sistema elegido. El parquet no perdona ciertos cambios bruscos, sobre todo en zonas de paso continuo como pasillos.

Y la humedad es el gran “enemigo silencioso”. Aquí entra un concepto clave: humedad residual. No es la humedad ambiental de tu casa, es la humedad que queda dentro del soporte (mortero/solera) y que puede subir, evaporar o quedarse atrapada. Este valor manda cuando decides si necesitas barrera, cuánto secado real falta, y qué tipo de instalación conviene.

La base de todo: entender la solera y no tratarla como “un suelo más”

Cuando hablamos de solera, hablamos de la capa que hace de soporte para todo lo que viene encima. Si esa capa está bien, el resto fluye. Si está mal, el resto se complica. En Barcelona, en fincas antiguas, es común encontrarte soleras con reparaciones parciales: una zona más nueva donde taparon instalaciones, una esquina donde hubo una fuga, un tramo de pasillo recrecido, o un salón con un terrazo antiguo que alguien quiere cubrir sin levantar.

En estos casos, lo que hacemos es tratar la solera como un “sistema” y no como un bloque uniforme. Puede haber cambios de densidad y comportamiento entre zonas. Si tú nivelas o pegas como si todo fuese igual, te llevas sorpresas. Por ejemplo, un parche que absorbe el autonivelante distinto, o un área que se seca más lento porque está sobre una zona fría del forjado. La obra buena es la que anticipa estas cosas y las controla.

Aquí también entra el típico dilema: “¿Puedo poner parquet encima de lo que hay?”. Muchas veces sí, pero depende de lo que hay y de cómo esté. Poner un suelo nuevo sobre un soporte inestable solo tapa el problema un tiempo. Luego vuelve con intereses.

Limpieza real: el paso más infravalorado y el más determinante

A la gente le sorprende lo pesado que somos con la limpieza del soporte. Y lo somos porque el 80% de los fallos “raros” nacen de ahí. En obra hay polvo fino de yeso, restos de pintura, microgranos de obra, incluso grasa antigua en cocinas. Ese polvo parece inofensivo, pero es como una película que separa capas. Si vas a pegar, el adhesivo no se agarra al soporte, se agarra al polvo. Si vas a aplicar autonivelante, se te puede despegar por falta de adherencia o quedar con zonas débiles.

Además, cuando hay restos de colas antiguas, el comportamiento se vuelve impredecible: una cola vieja puede reaccionar con un producto nuevo, o impedir que el nuevo se adhiera bien. Por eso, la secuencia práctica es simple: retirar lo suelto, aspirar bien, y revisar. Y cuando corresponde, aplicamos imprimación, que sirve para sellar el soporte, mejorar adherencia y evitar que el soporte “chupe” el producto de forma irregular.

Salón reformado con una iluminación led

Esto, en un piso real, se traduce en dos beneficios muy claros: menos ruidos futuros y menos “zonas huecas”. Y si lo piensas, es lógico: estás construyendo una superficie técnica. No puedes hacerlo sobre una capa de polvo.

Nivelación sin cuentos: cuándo autonivelante y cuándo otra solución

El mortero autonivelante es una herramienta fantástica, pero no es una varita mágica. Su función es corregir irregularidades y dejar una superficie plana. Para desniveles pequeños y soportes estables, es perfecto. En salones grandes donde el suelo está “casi bien” pero tiene ondulaciones, un autonivelante bien aplicado te deja un plano continuo que luego se nota muchísimo en la pisada.

El problema viene cuando se usa como “tapadera”. Si hay zonas sueltas o un soporte débil, autonivelar encima es como pintar una pared con humedad sin arreglar la humedad: queda bonito… hasta que deja de quedar bonito. En suelos, el resultado puede ser un autonivelante que se fisura o se despega por zonas.

También hay un factor práctico: la altura. En muchos pisos, especialmente en fincas antiguas, las puertas y balconeras están muy ajustadas. Subir 5 o 8 mm de golpe puede obligarte a cepillar puertas, ajustar marcos o modificar remates. A veces compensa; otras veces, buscamos una nivelación más selectiva para no generar una cadena de “arreglos” secundarios.

Un buen criterio es este: si el soporte está firme y el desnivel es razonable, autonivelante. Si el soporte no está firme, primero se repara. Y si el desnivel es grande, hay que plantear recrecido o correcciones por capas, porque el autonivelante tiene límites (y forzarlo suele ser mala idea).

Cuando el desnivel es serio: soluciones que no se hunden con el uso

Hay suelos que están “vencidos”. Lo notas con la regla, lo notas caminando, y lo notas en cómo se comporta el mobiliario (mesas que cojean, puertas que se cierran solas). En estos casos, si quieres un parquet impecable, hay que actuar con método. El recurso típico es un recrecido, que no es otra cosa que crear una capa nueva con el espesor necesario para recuperar planitud.

En viviendas antiguas es habitual que el pasillo sea el peor punto. Ha recibido golpes, obras previas, reparaciones de instalaciones, y a veces tiene un “lomo” o un “valle”. Si instalas parquet encima sin corregirlo, el clic sufre y aparecen ruidos. Si lo corriges bien, ese pasillo se convierte en una zona sólida que aguanta años sin que el suelo “hable”.

Aquí también importa mucho el secado. La prisa es la enemiga número uno del recrecido. Un recrecido necesita estabilizarse y perder humedad de forma adecuada. Intentar acelerar con calefactores o cerrando la casa “para que se seque” suele generar problemas: secado desigual, tensiones, fisuras. Nosotros preferimos planificar bien el calendario y no forzar la física.

Humedad: cómo entenderla sin obsesionarse, pero sin ignorarla

La madera y la humedad tienen una relación intensa. La madera es un material vivo en el sentido de que reacciona a los cambios ambientales. Si el soporte aporta humedad desde abajo, el parquet tiende a dilatarse y a deformarse. Por eso, cuando medimos y vemos valores que no nos gustan, planteamos soluciones.

Aquí entra la barrera de vapor, pero con cabeza. Hay gente que la pone siempre “por si acaso”, y eso no es profesional. Y hay gente que no la pone nunca “porque no hace falta”, y eso tampoco. La barrera se decide cuando hay riesgo real. Plantas bajas, forjados fríos, soleras recientes, zonas cerca del mar o viviendas con historial de humedad: ahí suele ser imprescindible.

El objetivo de la barrera no es “sellarlo todo y ya”, es controlar el paso de vapor y proteger la instalación. Si la barrera queda mal hecha, es casi peor que no ponerla: creas puntos de entrada de humedad en zonas concretas, y la madera trabaja de forma irregular.

En algunos casos, además, la barrera no es suficiente porque el problema es estructural: filtraciones, capilaridad o mala ventilación crónica. Ahí la conversación cambia. En Obrescat preferimos decirlo claro: primero se corrige la causa, luego se instala el parquet. Si no, la obra se convierte en una rueda de parches.

La elección de base: confort y acústica sin efecto “colchón”

Una vez el soporte está firme y plano, llega el momento de decidir la base (en sistemas flotantes) o el tipo de adhesivo (en encolados). Aquí mucha gente compra por impulsos: “la más gruesa”, “la que pone más dB”, “la más barata”. Y luego vienen los problemas: sensación de suelo blandito, uniones que sufren y ruidos en zonas concretas.

La base tiene que encajar con el tipo de suelo y el uso. En pisos con niños o con gente que camina mucho por casa, interesa una pisada confortable, sí, pero sin perder firmeza. En edificios donde el ruido al vecino es un tema serio, una manta acústica puede ser clave, pero hay que elegir una que sea compatible con el parquet y con el sistema. Si no, puedes mejorar acústica y empeorar estabilidad… y eso no compensa.

Además, hay una realidad práctica: la altura. Cada milímetro cuenta cuando tienes puertas antiguas, transiciones con cocina o baño, o balconeras. En muchos pisos de Barcelona, si subes demasiado, empiezas a tocar zócalos, puertas y perfiles. Por eso, en obra buena, la base no se elige aislada: se elige pensando en todo el conjunto.

Pegado o flotante: decisiones que se toman con el suelo, no con la moda

Hay quien te dirá que el encolado es “siempre mejor” y quien te dirá que el flotante es “más práctico”. La verdad es que depende. Un suelo encolado, bien ejecutado, da una sensación muy sólida, reduce vibraciones y puede minimizar ciertos ruidos. Pero exige soporte perfecto y un adhesivo adecuado al tipo de parquet y a las condiciones (sobre todo si hay suelo radiante o variaciones térmicas importantes). Si el soporte no está impecable, encolar encima no perdona.

El flotante, en cambio, se apoya en la base y “trabaja” más como sistema. Puede ser más rápido en ciertas reformas y más limpio, pero requiere una base bien elegida y una ejecución cuidadosa: juntas, remates, continuidad, control de perímetros. El error típico del flotante no es el sistema en sí, es pensar que “todo lo arregla la base” y luego no corregir desniveles.

Nosotros lo planteamos de forma sencilla: queremos el sistema más seguro para tu caso. Y lo decidimos con datos (planitud, humedad, altura disponible, uso y expectativas). Si te lo explican sin mirar el suelo, desconfía.

Remates y dilatación: el parquet necesita espacio para vivir

Si hay una causa clásica de levantamientos, es no respetar el espacio de movimiento de la madera. Aquí entra la junta perimetral: ese margen que se deja alrededor para que el suelo pueda dilatar sin empujar paredes y marcos. El error típico es apurar “para que quede más bonito” o porque “así tapa mejor el rodapié”. En el corto plazo, se ve fino. En el medio plazo, el parquet empieza a empujar, se forman abombamientos, y de repente el suelo “sube” en una zona.

Los remates también importan: transiciones entre estancias, encuentros con balconeras, cambios de material, pasos de puerta. Y el zócalo (rodapié) tiene una misión clara: tapar la junta, proteger la pared y rematar estéticamente. No está para apretar el parquet. Si lo aprieta, bloquea el movimiento y crea tensiones. Esto es muy típico cuando se instala con prisa o sin entender el comportamiento del suelo.

En pisos con marcos antiguos, además, a veces conviene hacer el recorte correcto para que el parquet pase por debajo del marco. Es un detalle que parece menor, pero visualmente y técnicamente es otra liga.

Un ejemplo real: “solo queríamos cambiar el suelo” y acabó siendo una mini-obra

Te cuento un caso típico. Piso de 70 m² en el Eixample, tercera planta, suelo antiguo con terrazo. El cliente quería “poner parquet encima y listo”. Cuando empezamos a medir, vimos dos cosas: el pasillo tenía un valle claro y en la zona de cocina había restos de obra antigua con polvo fino y una reparación mal hecha. Si hubiéramos instalado sin más, el pasillo habría quedado con sensación de “bombeo” y la cocina habría dado problemas de adherencia.

La solución fue sencilla, pero había que hacerla bien: limpieza y aspirado serio, imprimación, nivelación localizada en pasillo, y protección en la zona conflictiva. Se planificó el secado y se instaló con juntas bien resueltas. ¿Resultado? Piso silencioso, uniforme y sin esa sensación de suelo “tierno”. Lo más importante: al año, el cliente no nos llamó por crujidos. Y eso, en obra, es un éxito.

Tiempos y costes: lo que conviene asumir para no entrar en la espiral de “arreglar después”

Cuando alguien te dice “en dos días lo tienes”, lo primero es preguntar: ¿incluye secados reales? Porque la preparación del subsuelo necesita tiempos. Un autonivelante puede estar pisable pronto, pero no siempre está listo para recibir instalación final si la capa es gruesa o si las condiciones de ventilación no ayudan. Un recrecido necesita todavía más respeto. Y si hay humedad, los tiempos mandan.

En costes, la preparación del subsuelo suele ser la partida que mucha gente quiere recortar porque “no se ve”. Pero es la que evita levantar y rehacer. Levantar parquet, rehacer base, cambiar piezas y volver a rematar es mucho más caro que hacer bien la preparación desde el inicio. Nosotros preferimos ser transparentes: explicamos qué hay que hacer, por qué, y qué pasa si no se hace. Así decides con información, no con promesas.

En este otro artículo te explicamos qué debes elegir, si parquet, laminado o vinílico: el suelo perfecto según tu estilo de vida.

El cierre de obra: cómo saber si el soporte está listo antes de instalar

En Obrescat, cuando damos el OK para instalar, buscamos una sensación simple: que el suelo “no tenga sorpresas”. Eso significa que la superficie está firme, limpia y plana; que la humedad está dentro de rangos; y que el sistema elegido (base, barrera o adhesivo) tiene sentido para esa vivienda. También verificamos que los perímetros y remates están pensados desde el principio: dónde irán los cortes, cómo se resolverán transiciones y cómo se instalará el rodapié sin bloquear.

Diferentes tipos de suelos y pavimentos

Si te quedas con una idea, que sea esta: el parquet no se “arregla” con una base más gruesa ni con un perfil más caro. Se arregla con un subsuelo bien preparado. Cuando haces bien esa parte, el suelo deja de ser una preocupación y se convierte en lo que debe ser: una superficie cómoda, bonita y estable para el día a día.

Preguntas frecuentes

1) ¿Por qué cruje un parquet recién instalado?

Normalmente por soporte irregular, polvo/cola bajo el suelo, base demasiado blanda o falta de planitud. Al pisar, la lama flexa y aparecen ruidos.

2) ¿Cuándo necesito barrera de vapor?

Cuando hay riesgo de humedad desde el soporte: plantas bajas, soleras nuevas, forjados fríos, zonas cercanas al mar o historial de humedades.

3) ¿El autonivelante lo arregla todo?

No. Sirve para corregir irregularidades si el soporte es firme. Si hay zonas sueltas o fisuras activas, primero hay que reparar.

4) ¿Qué base acústica es mejor para evitar ruido al vecino?

La que equilibra reducción acústica y estabilidad. Si es demasiado blanda, puede generar sensación de “colchón” y problemas en las uniones.

5) ¿Cuánto tiempo hay que esperar antes de instalar parquet tras nivelar?

Depende del producto, espesor y ventilación. Lo importante es respetar el secado real y confirmar humedad del soporte antes de instalar.