¿Diseño primero o licencias primero? El orden correcto de una reforma

La duda es normal: “¿me pongo con el diseño ya o primero pido permisos?”. En Barcelona, si no llevas un orden, es fácil que la reforma se te vaya de manos por cambios a última hora, vecinos enfadados o compras que no encajan. En Obrescat lo planteamos siempre igual: hay decisiones que conviene cerrar antes de tramitar, otras que pueden ir en paralelo, y un punto exacto en el que ya es seguro fijar fecha de inicio. Si buscas una Empresa de reformas en Barcelona, esta guía te ayudará a entender el “orden de operaciones” para no pagar dos veces por lo mismo.

1) Primero, define el alcance: qué vas a tocar y qué NO

Antes de renders, catálogos y Pinterest, toca ser brutalmente honesto: ¿qué vas a reformar realmente? No es lo mismo “lavado de cara” (pintar, suelos, puertas) que una reforma con cocina nueva, baño nuevo y redistribución. El alcance marca el ritmo, la logística y el tipo de documentación que vas a necesitar.

Un ejemplo típico en pisos del Eixample: quieres abrir cocina al salón “solo tirando un tabique”, y al medir descubrimos que hay que rehacer parte de instalación, cambiar el falso techo para iluminación y ajustar carpinterías. Otro clásico en Gràcia: pasillos largos y habitaciones pequeñas; ahí el cambio de distribución mejora la vida… pero multiplica puntos de decisión.

Nosotros solemos empezar con una visita técnica y un listado de partidas (qué se demuele, qué se construye, qué instalaciones se tocan y qué se mantiene). Con eso, evitas el error más caro: arrancar con una idea difusa que luego obliga a corregir sobre la marcha.

2) Diseño funcional: distribución, usos y “recorridos” antes que estética

El diseño útil no es “qué color pongo”, sino cómo circula la casa. ¿Dónde dejas las llaves? ¿Dónde guardas la escoba? ¿Puedes pasar con bolsas sin chocar con sillas? ¿Hay luz donde trabajas? Esto se resuelve con distribución y medidas, no con decoración.

Aquí conviene cerrar el 80–90% de la distribución antes de meterte con compras o trámites. Porque si cambias la cocina de pared, te cambian tomas, desagües, puntos de luz, presupuesto y plazos. En pisos pequeños (Sants, Sant Antoni, Poblenou) suele funcionar muy bien reducir pasillo, ganar armarios y “ordenar” zonas: día (salón-cocina) y noche (dormitorios).

Nosotros trabajamos con decisiones prácticas: apertura de puertas, profundidad de armarios, paso libre mínimo y ubicación real de electrodomésticos. Cuando esto está bien, lo estético encaja casi solo. Cuando esto está mal, por muy bonita que sea la casa, te molestará cada día.

3) Del “me gusta” al plano real: medir, dibujar y aterrizar

Las sorpresas de obra casi siempre vienen por falta de precisión. Por eso, antes de presupuestar en serio, necesitamos mediciones reales: alturas, encuentros, desplomes, huecos de paso, ubicación de bajantes, ventilaciones y puntos delicados (humedades, tabiques frágiles, falsos techos). Ese trabajo es menos glamuroso, pero es el que evita “esto no cabe” cuando ya está todo comprado.

En fincas antiguas de Barcelona es habitual encontrar paredes fuera de escuadra o capas de acabados que engañan. Un ejemplo muy común: el baño parece “de 4 m²” hasta que medimos y vemos que entre pilares, bajantes y paso de puerta, el espacio útil es menos. Eso cambia la elección de plato, mueble y mampara.

Con el plano aterrizado, el diseño deja de ser una intención y se convierte en un plan ejecutable. Y ahí es cuando empiezan a cuadrar tres cosas a la vez: presupuesto, calendario y expectativas.

4) Presupuesto con sentido: partidas claras y decisiones a tiempo

Una reforma tranquila suele tener un secreto: un número que se entiende. Por eso insistimos en el presupuesto por partidas. No es capricho: te permite saber qué estás pagando, comparar ofertas de verdad y gestionar cambios sin discusiones eternas.

Cuando un presupuesto viene “en bloque”, lo típico es que aparezcan extras porque nadie tenía el mismo alcance en la cabeza. En cambio, con partidas (demoliciones, instalaciones, revestimientos, carpintería, pintura, etc.) puedes priorizar: “prefiero invertir en ducha e iluminación y recortar en puertas”, por ejemplo.

Como orientación realista, una reforma integral en Barcelona puede moverse en rangos amplios según calidades, estado del piso y complejidad: desde intervenciones ajustadas en acabados hasta proyectos completos con instalaciones nuevas, carpintería a medida y cambios de distribución. También hay rangos por estancias: un baño puede variar muchísimo según lo que se toque (solo alicatado vs. instalaciones completas), igual que una cocina (mobiliario estándar vs. a medida).

En este otro artículo te explicamos qué debe incluir un presupuesto de reforma para comparar con criterio y sin sorpresas.

5) Licencias y trámites: el momento correcto para no rehacer trabajo

Ahora sí: ¿cuándo van permisos y trámites? Ni al principio del todo, ni al final del todo. El punto ideal es cuando ya tienes claro el alcance (qué se toca) y la distribución (qué cambia), y puedes describir la actuación sin improvisar. Si tramitas demasiado pronto, cualquier cambio importante te obliga a rehacer documentación. Si lo dejas para el final, bloqueas el inicio y te comes retrasos.

En Barcelona, además, hay factores que mucha gente olvida: ocupación de vía pública si necesitas contenedor o saco, horarios y normativa de la comunidad, y la gestión de residuos. Todo eso se planifica mejor si el proyecto ya está aterrizado en plano y partidas.

Nosotros lo tratamos como un carril paralelo: mientras se prepara y tramita lo que corresponda, vamos cerrando elecciones que tienen plazos de suministro (cocinas, mamparas, carpinterías). Así no paras la reforma por “papeles” ni por “no llega el material”.

6) Calendario realista: decisiones, compras y semanas de obra sin caos

Aquí va una verdad incómoda: muchas reformas se alargan no por la obra, sino por decisiones tardías y compras sin plazo. Por eso montamos una planificación de obra con hitos claros: qué se decide esta semana, qué se compra la siguiente, qué llega en qué fecha y cuándo entra cada gremio.

Salón reformado con una iluminación led

Un ejemplo típico: si la cocina tarda 4–6 semanas, no la puedes “elegir cuando ya estamos alicatando”. Lo mismo con mamparas especiales, encimeras o carpintería interior. Y si vas a vivir dentro durante la reforma, el calendario se vuelve todavía más importante: hay fases ruidosas (demoliciones), fases sucias (rozado), fases delicadas (acabados) y un tramo final de remates donde todo parece pequeño… pero consume días.

En Obrescat solemos fijar un calendario de decisiones para el cliente: así no tienes que pensar en 50 cosas cada día, pero tampoco te pilla el toro cuando hace falta elegir.

7) El orden de ejecución: coordinación de gremios y evitar retrabajos

La reforma no es “hacer cosas”; es hacerlas en el orden correcto. Si entra un oficio antes de tiempo, luego toca deshacer y repetir. Y eso es dinero y semanas.

Aquí entra la coordinación de gremios: primero protección y demoliciones, luego rozas e instalaciones, después cierres y nivelaciones, luego revestimientos, y por último montajes (cocina, sanitarios, carpinterías) y remates. Suena obvio, pero en la práctica se estropea por prisas: “ya que está aquí el pintor…” o “montamos el suelo y luego hacemos la electricidad…”.

Nosotros preferimos un plan por hitos: replanteo, rozas, pruebas de instalaciones, cierres, impermeabilizaciones, alicatados, suelos, carpinterías, pintura, y remates. Cuando el orden está bien, la obra se siente fluida. Cuando está mal, todo son parches.

Y aquí una señal de alerta: si te prometen “empezamos mañana” sin un guion de fases, normalmente significa improvisación.

8) Baños y cocinas: donde se ganan (o se pierden) años de comodidad

Si hay dos estancias que delatan una reforma mal planteada, son baño y cocina. No solo por estética, sino por uso y mantenimiento. En baños, el error típico es “hacer bonito” y olvidarse de lo invisible: pendientes, sellados y impermeabilización. Si eso falla, aparecen filtraciones, humedades y discusiones con el vecino de abajo. Y arreglarlo después siempre es más caro que hacerlo bien.

En cocinas, el fallo típico es el recorrido: frigo-fregadero-fuego. Si están mal colocados, cocinar se vuelve incómodo. También hay decisiones pequeñas que luego son enormes: altura de encimera, cajoneras en vez de puertas, iluminación funcional y enchufes donde realmente los usas.

Aquí la parte técnica manda: en baños y cocinas se trabaja con fontanería bien planificada (puntos de agua, desagües, ventilaciones) y con mediciones milimétricas para que todo encaje: mampara, mueble, puertas y pasos.

9) Instalaciones y confort: luz, enchufes y silencio que se nota

La mayoría de clientes no se arrepiente del suelo. Se arrepiente de “me falta enchufes”, “la luz me da sombras” o “se oye todo”. Por eso, dedicar tiempo a instalaciones es una inversión directa en calidad de vida.

En iluminación, conviene combinar luz general con luz de trabajo (cocina, baño, escritorio). Y en electricidad, no se trata de poner muchos enchufes, sino de ponerlos donde hacen falta: mesillas, encimera, zona TV, aspirador, router, cargadores. Una reforma bien diseñada te evita alargadores para siempre y te deja una casa más cómoda.

En el confort acústico y térmico, hay soluciones que se notan mucho, sobre todo en fincas antiguas: mejorar cerramientos, aislar paredes clave o actuar en trasdosados. Si el piso da a calle ruidosa o tienes vecinos “intensos”, un buen aislamiento térmico/acústico puede cambiarte la experiencia de vivir en casa más que un mueble nuevo.

10) Materiales y acabados: elegir bien sin bloquear la obra

Los acabados son la parte visible, sí, pero también la parte que más suele atascar el calendario si no se decide a tiempo. Nuestro consejo: decide primero lo que condiciona medidas y ejecución (suelos, alicatados, sanitarios, grifería, carpinterías, cocina) y deja lo fácil para el final (pinturas, textiles, decoración).

Aquí entra el tema de calidades y acabados. No siempre “lo más caro” es lo mejor: a veces buscas resistencia (niños, mascotas), otras buscas facilidad de limpieza, otras buscas calidez. Un porcelánico puede ser perfecto en cocina por mantenimiento, mientras que una tarima puede ser ideal en dormitorios por sensación. Y en paredes, el tipo de pintura y preparación importa más de lo que parece: un buen fondo y una buena mano final evitan marcas y retoques constantes.

Nosotros solemos plantear decisiones por prioridades: lo que afecta a plazos primero, lo que afecta a estética global después, y lo que se puede ajustar al final sin drama.

11) Barcelona “real”: comunidad, logística e imprevistos que hay que prever

Reformar en Barcelona tiene su propia personalidad. No es solo obra: es convivencia, accesos, ascensores pequeños, escaleras estrechas, horarios de comunidad y calles donde un contenedor no cabe “cuando tú quieres”. En Ciutat Vella o partes de Gràcia, la logística puede obligarte a planificar entregas por franjas y a reducir acopios. En fincas antiguas sin ascensor, cada subida de material cambia los tiempos.

Además, hay imprevistos habituales: paredes huecas donde esperabas macizo, vigas que obligan a ajustar falsos techos, humedades antiguas, o instalaciones muy viejas que conviene renovar para no “maquillar” un problema. Aquí es donde se nota la experiencia de obra: anticipar y resolver con cabeza.

Y un punto que mucha gente subestima: la calidad de la base. Una albañilería bien hecha (niveles, plomos, pendientes) hace que luego el suelo no cruja, la mampara cierre bien y la cocina no quede “forzada”. Es el tipo de calidad que no se ve en Instagram… pero se nota cada día.

12) Cierre y entrega: remates, repasos y cómo saber que está bien

El final de una reforma no debería ser “acabamos cuando podamos”, sino una entrega con checklist: repasos de pintura, siliconas, juntas, herrajes, puertas que cierran bien, griferías sin pérdidas, enchufes y luces probados, y limpieza final. La mayoría de “malas experiencias” vienen de finales apresurados: todo parece casi listo, pero los remates no llegan, y el cliente entra con sensación de “a medias”.

Nosotros trabajamos el final como una fase propia. Revisamos estancias con calma, apuntamos ajustes y los cerramos antes de dar por terminada la obra. Es mejor dedicar 2–3 días a remates bien hechos que dejar 20 detalles pendientes que te molestan durante meses.

Si te quedas con una idea de todo esto, que sea esta: el orden correcto no es una manía, es un seguro contra sobrecostes y estrés. Primero alcance, luego distribución, luego planos y presupuesto, trámites en el momento correcto, compras con plazos, ejecución por fases, y cierre con control de calidad. Con ese guion, la reforma deja de ser una ruleta y pasa a ser un proyecto con dirección.

Preguntas frecuentes

1) ¿Qué va primero en una reforma: planos o presupuesto?

Primero planos/mediciones (aunque sea a nivel básico), y después presupuesto por partidas. Sin medidas reales, el número se mueve.

2) ¿Cuándo es buen momento para iniciar trámites?

Cuando ya tienes claro el alcance y la distribución, para no tramitar “a ciegas” ni rehacer documentación.

3) ¿Qué decisiones bloquean más el calendario?

Cocina, baños (mampara/sanitarios), carpinterías y suelos. Son las que más dependen de medidas y plazos de entrega.

4) ¿Cómo evitar sobrecostes típicos?

Definiendo alcance desde el inicio, trabajando con partidas claras y evitando cambios de distribución con la obra ya empezada.

5) ¿Se puede vivir en casa durante la reforma?

Depende del alcance. Si hay cocina/baño fuera de servicio o demoliciones fuertes, suele ser más práctico planificar fases o buscar alternativa temporal.